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12 de julio de 2011

Trabajo por un día




"Durante la huelga larga de octubre y noviembre de 1961, la de 42 días, un operario de acá del galpón de máquinas consiguió trabajo en una casa comercial de Bahía Blanca, en la calle Estomba, casa Silvani, que vendía heladeras, radios portátiles, artículos del hogar. Empezó a trabajar el 27 de noviembre a la mañana, de 8 a 12, se retiro al mediodía para volver a la tarde, pero con tal mala suerte, que a las 13.30 el comercio explotó, una explosión de garrafas, no quedo nada, abajo estaba el negocio, arriba vivía una familia. Hubo tres víctimas fatales.

Los que estábamos acá en White,  yo fui a presenciar a ver que había pasado, la calle Estomba esa, estaba todo en ruinas, estaban desparramados todos los artefactos, estaban los bomberos, la policía , era impresionante verlo.

Consiguió, pero a la tarde ya se quedó sin trabajo."

11 de mayo de 2011

Fardos, bleque y mamelucos cortados

La huelga de 1961 fue el principio de la lucha para impedir que el gobierno de Fondizi empezara el desguace de los ferrocarriles, al empezar aplicar el plan del ministro Acevedo que implicaba cierre de talleres, galpones, reducción de personal y demás ítems. El 27 de octubre empezó la huelga, hasta el 10 de diciembre.

Durante esa huelga que duró 42 días, la mayor parte de los ferroviarios adhirió y durante ese tiempo se dedicaron a conseguir otros trabajos, yo me dediqué a pintar sillas en Comercial, otros buscaron trabajo en el puerto, en la construcción, de serenos.

Pero hubo algunos que siguieron trabajando en el galpón, durante esos días alistaban locomotoras para correr trenes de emergencia, y eso lo hacían fuera de su tarea específica, hacían el trabajo del personal que estaba en huelga.

Por eso, cuando se levantó la huelga, no la pasaron bien: todos los días les colocaban fardos de pasto en la puerta de la oficina, engrasaban con bleque los picaportes, un día les cortaron los mamelucos, también, a uno de ellos que venía en moto, le pusieron azúcar en el tanque.  

Con las bocinas de las diesel tocaban y vos escuchabas  car ne ro car ne ro, tocaba la bocina, capaz de dos o tres máquinas; o de las culatas de la Baldwin les tiraban tuercas y tornillos a la ventana de la oficina, el carpintero no daba a basto a colocar vidrios en la puerta de entrada.

Tanto tanto que tuvieron que desaparecer por tres meses del galpón de locomotoras, fueron a trabajar a otras dependencias, hasta que se aplacó todo. Pero quedó mucho resquemor entre la gente.

A mí, igual, no gustaban mucho esas cosas.